La Escripofilia

La Escripofilia es la denominación que recibe la afición al coleccionismo de antiguos certificados y títulos de valores comerciales, principalmente acciones y obligaciones, aunque también incluye bonos, deuda pública y similares.

Hermana menor de la filatelia o la numismática, el término como tal, no esta recogido por la Real Academia Española de la Lengua, y realmente se trata de la modificación de un anglicismo (scripophily) resultado de la unión del término inglés “scrip” (derecho de propiedad) y el sufijo griego “philos” (afición o simpatía).

La escripofilia es una forma de coleccionismo relativamente reciente. En Europa empieza a reconocerse como tal a partir de los años 70. No obstante, se cuenta que fue a finales del siglo XIX cuando un tal Eseltine, empezó a coleccionar y vender en Manhattan, los antiguos títulos financieros de la guerra de secesión americana, datando el nacimiento de la escripofilia como tal en ese momento.

Es importante señalar, que la escripofilia se encarga de la colección y estudio de certificados financieros que por su naturaleza empezaron a existir como tales a partir del s.XVII, con el desarrollo del comercio y las líneas de navegación, siendo apenas cuatro los siglos en los que ha habido emisión de certificados y títulos, poco comparable con otras áreas del coleccionismo como la numismática o la bibliofilia.


El Coleccionismo de Certificados y Títulos

El certificado es un documento en el que se le reconoce al inversor la propiedad de una cantidad determinada de capital, suele estar firmado y sellado por el emisor y en algunas ocasiones por el inversor. Las acciones, son emitidas por las empresas y forman parte de su capital, no son reembolsables, aunque sí negociables y los bonos y obligaciones representan préstamos otorgados a un gobierno u organismo público o a una compañía, y éstos, por el contrario, son reembolsables en un período establecido y devengan intereses por lo general a una tasa fija.

El coleccionismo de certificados, títulos, acciones, bonos y obligaciones, es hoy en día una realidad a nivel mundial. Existen títulos financieros de todos los países, emitidos por diferentes gobiernos y por infinidad de empresas privadas, y son miles los coleccionistas aficionados de todo el mundo.

La clasificación o criterios por los que se coleccionan los títulos es tan dispar como los cientos de miles de empresas que en su día los emitieron. Así, hay coleccionistas interesados por una época determinada (s.XVIII, s.XIX, anteriores a la Gran Guerra o al período entre guerras, primera mitad del s.XX, etc), otros por un sector concreto (minería, finanzas, petróleo, comercio, automóvil, tabaco, etc.) y otros por las emisiones de una determinada zona, un país, una provincia o un estado en particular; son también criterios de colección las rarezas en las emisiones, bien por su limitación o por su valor histórico o artístico.

Así, son criterios de valoración de un título su fecha de emisión, su calidad estética, el papel, las ilustraciones, las firmas o datos manuscritos que pueda tener, el nombre del emisor y el del tenedor del título, el valor facial original, si fue o no emitido, el tipo de empresa, la evolución histórica de la misma, los talleres en los que se imprimió el tipo de grabado y por supuesto, el estado de conservación del mismo.


Valor Histórico

La escripofilia contribuye de forma clara a preservar los testimonios de la historia de los mercados financieros y de valores, así como de las diferentes fases de desarrollo económico y empresarial, tales como el nacimiento del comercio con América y Asia, las revoluciones industriales, el nacimiento de las empresas mineras, textiles, químicas, petroleras, y en definitiva la creación de los tejidos empresariales tal y como hoy los conocemos.

La práctica totalidad de las emisiones de certificados se realizaron a partir de la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo especialmente con la primera revolución industrial y culminaron a finales del siglo XX, donde la evolución de los mercados financieros llevó a la desaparición de las emisiones de títulos sustituyendose por anotaciones en cuenta y llevándose su gestión y negociación por mecanismos digitales.

Las primeras acciones que se conservan se encuentran en la bolsa de Ámsterdam, están fechadas en 1606 y pertenecen a las compañías holandesas Vereinigte Oostindische Compagnie y Amsterdamer Pfeffersaecke, en concreto del capital inicial de esta importadora de pimienta se conservan dos acciones.

Los certificados son reflejo de los mecanismos de financiación de países, sectores grandes obras y empresas privadas a lo largo de estos últimos siglos. Algunas de éstas, continuaron durante años emitiendo nuevos certificados, ampliaciones de capital o deuda y llegaron a convertirse en importantes compañías, otras se fusionaron, fueron absorbidas o simplemente desaparecieron, no obstante, sus títulos son hoy testimonio de su historia particular.


Valor Artístico

Por otra parte, los certificados financieros, no sólo tienen un interés cultural o histórico, sino que son también muy requeridos como elementos decorativos, teniendo también un cierto interés como producto de inversión.

Como elementos decorativos es cada vez más habitual verlos enmarcados en despachos de asesores financieros, inversores o empresarios, en particular aquellos que hacen referencia al mismo sector o a la misma localidad de su propietario.

Algunas emisiones de títulos fueron verdaderas obras de arte, utilizando los mejores diseños y las más avanzadas técnicas de grabado de la época, impresos a varias tintas y personalizados para reflejar la actividad e identidad del emisor.


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